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Mi vida son recuerdos de mucho compás.
Te lo cuento pa que lo sepas
Por José Manuel Gamboa |
Dice Diego Carrasco por bulerías: ¡Cuénteme usted su mili! Nosotros, que somos de difícil conformar, queremos más. Les pedimos a nuestros flamencos que nos cuenten su vida; la música de sus vidas; el fenotipo sonoro que les ha dado quejío y son. Y nos lo van a narrar con sabiduría, gracejo, acento propios. Y formando de dos en dos. Pero, ¡con organización! Nada de revolverse y konfusionarse las parejitas. ¡Por favor, que hay gente delante!, y dicta la copla:
Habiendo gente delante
ni me mires ni me riñas
ni me pongas mal semblante.
Que nadie se llame a engaño. No es el caso que podrían pensarse, porque las dúos que nos llegan lo que tienen en común es que se meten mano en el corazón, en el alma flamenca para compartir emociones. Pare usted de contar.
Y dijo Undebel, “¡Ágase la luz!”… Y amaneció la bulería. La bulería como quintaesencia del ángel de la jondura, de la gracia y la pena toreando la vida a compás. Para abrir boca, Jerez. España-Jerez. Con Manuel Moreno Junquera, Moraíto, hombre de respeto en el orbe flamenco y sonanta jerezana por aroma y excelencia. Con él, su paisano José María Castaño, animador y portavoz de la causa en tan poderosa tierra.
De seguido nos ponemos farrucos. Hace entrada en escena alguien que la domina y sueña como pocos. Javier Latorre, coreógrafo mayor del reino, fajador incansable, señor de los buenos golpes –de oportuna gracia- y la polémica bien servida; persona de lengua agil y certera; si hay que ponerse farruco, se pone, que para eso es bailaor de primera y la farruca la danza a propósito… Kyoko Shikaze, japonesa de Triana, enamorada y conocedora del baile, flamenca de modales cuando la circunstancia se tercia, estará a su lado, bien colocada siempre y al quite.
Con Talegón de Córdoba, veterano en las lides cantaoras, nos daremos al jaleo, aire remoto y estimulante. Porque su conversación anima y embelesa, y mucho tiene que contar porque más ha vivido, aunque todavía está en plenitud. Con él Juan Verdú, amigo y hombre de la causa flamenca que lleva enhiesta la única pureza: el puro que siempre le acompaña.
Y por alegrías llegarán Gomaespuma: Juan Luís Cano y Guillermo Fesser. No sabemos si cantarán “cumpleaños feliz” o el “trirtitrán, trán, trán”, pero que nos darán una alegría, eso es seguro.
Raúl Rodríguez Quiñones es una de esas personas que disfrutan del universo sonoro que este planeta guarda. Por eso va, viene, por el camino se entretiene, y nos regala sonidos de ida y vuelta. Lo hizo secundando a su madre, Martirio, con Kiko Veneno, y le está dando son a Diego del Gastor con sus compañeros fronterizos. Sabe gozar de los placeres que le rodean y sabe transmitirlos. Le da ideas Héctor Márquez, otro ser que camina libre, procura el diálogo y alienta la libertad de decir. Por eso es el padre de “La música contada”. Con ellos emprenderemos un sabroso viaje sonoro.
Y ya que estamos de gozoso trayecto nos tenemos que acordar de un aire que de Cuba llegó a Cádiz y de allí al arte jondo: el tango. Porque tango fue siempre, no tanguillo, y vino dispuesto ha hacernos mover. De la marcha gaditana, de su ingenio despierto y saleroso nació José Luis García Cossío, El Selu, talento chirigotero donde los haya. Pase usted y diga lo que tenga que decir. Aquí le presento a José Luís Ortiz Nuevo, el que concibió en la que estamos, un tipo polifacético y competente de veras que ha descubierto la fecha en que en Cuba nació el tango, y esta clase de descubrimientos, no me digan que no, son muy de Cádiz. Ya Pericón había dado con el origen del cante flamenco ¿Verdad?
La puerta grande de cierre llamará a la calma, al siempre plácido, cálido y sentimental aire malagueño. Por malagueñas abrocha un maestro de la palabra y el saber, don Manuel Alcántara, el hombre que hizo poemas como coplas que de joven le dieron premio nacional y que ahora hace columnas de opinión tan cabales desde su Málaga natal que se les escucha el rasgueo exacto al leerlas en el periódico. Y el maestro llevará a su vera a un verdadero agitador intelectual, que más sensible no cabe, Pedro G. Romero, que también en el mundo flamenco ha dado que hablar y más que disfrutar.
Pues lo dicho. Que abran las orejas y lo disfruten.
José Manuel Gamboa
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